7.10.08

Le Petit Prince

¡Vamos a mi terraza, vamos que tiene piso de cerámica!
Vamos que siempre es primavera.
Te sigo, no me pierdas.
Deleitame con perfume.
Y que el sol cambie su color.
Al color que yo quiero.
Vení.
Quiero.

30.8.08

Resúmen de la mujer en Venecia

- Bueno, no. La idea era hacer algo, pero si no me iré a dar una vuelta por ahí con los chicos.
- Me parece bien. ¿Sabés a quién me crucé el otro día? Al del colegio... no me acuerdo el nombre, ese que fumaba mucho.
- ¿El que se drogaba?
- Noo! El que fumaba mucho, no te hablo de marihuana.
- Ahh, sí, pero no me acuerdo el nombre. Yo me crucé a la ex por la facu una vez. Bah, creo que era la ex porque estaba muy cambiada. Una vez por hacerle la gamba me quedé toda una tarde con ella en el parque haciendo tiempo.
- Jaa! ¿¿De verdad??
- Sí. Me acuerdo porque me dijo "El diálogo asesina el aburrimiento, abre las ventanas y se respira aire nuevo, hablemos!". Cuántas boludeces. Nos creíamos sabios por usar palabras grandes. Era buena compañera igual. Me prestó un libro esa tarde, nunca más la vi, nunca más se lo devolví.
- ¿Qué libro?
- La vuelta al mundo en 80 días.
- Un amigo mío es fanático de Verne...
- Lo conozco.
- ¿Lo leíste? Por lo menos...
- No.
- ¡¿No?! Que lo tenés, ¿juntando polvo?
- Qué se yo.. Es de ella el libro. Leerlo sería robarle frases que nunca leyó.
- Es un libro.
- Y es de ella....
- Pero la viste y no se lo devolviste.
- ¿Y?
- Que los libros son egoístas. Nunca vuelven. Es tuyo.
- Y el diálogo no oculta silencios, los enfrenta o los contiene.
- ¿A vos ella te contuvo?
- ¡Era la novia de un conocido!

- ¿Y? Si tenés años de no verlo y nunca te cayó bien... Ahhh, vos nunca la tuviste.
- Eran amores diferentes.
- Podríamos ir a tomar un trago al bar si querés.
- Lástima, se esta bien aquí. Preferiría quedarme si no te molesta.

- ¿Qué fue eso?
- No es nada. Después pasa...
Hay un sol imprescindible afuera, ¿no?

21.7.08

Bijouterie

Se me nota. ¡Estoy enamorada de los pies a la cabeza! Siento ese aleteo irrefrenable batir fuertemente en el pecho... y en cada uno de mis suspiros libero tu nombre. Y sí, no es extraño que esté loca por vos.
Ahora, en serio, y aunque nadie me lo haya pedido, mi opinión: Quien esté escribiendo esto (¿yo?) sin duda conoce muy bien el lenguaje y las normas gramaticales. Sabe, por su experiencia, que el amor tiene doble filo. Y parece haberse cortado con ambos.
Descifro que la tinta utilizada tiene tanto de grana, como de ilusión, como de dolor.

Llueve, pero yo no.

20.7.08

Ensayo final

Sos incapaz de hacer y narrar tu propia experiencia. ¿Dónde quedó la tuya? ¿Por qué a través de mi buscas comunicarte, comprenderte? ¿Que te escuche...? Quedate. Tal vez encuentres un lenguaje que pueda ponerte ponerte en acción.
Sólo sos formación cuando sos capaz de narrarme tu propia decisión e historia. Pero no, te quedas en silencio.
Hoy no me convence tu relato, tu historia de vida que me dice "El mundo es así". No me exhorta y no me aconseja: "Mirá el mundo así". Ya no me interesa tu tiempo porque ahora somos dos extraños y ya no me paso horas buscando si te salió un nuevo lunar. Te dejo con tus domingos lluviosos y sin visitas.

28.6.08

Decálogo

- “Parece un cuento infantil”
- “No importa esta bueno, seguí”
- “No, no me gusta, tacho todo y lo hacemos normal”
- “Nooooo” (todos)
- “Bueno, entonces escribí vos”

- “Pero ahí se pierde la rima”
- “Ya fue la rima, se fue a la mierda”
- “¿Por qué lo vamos a hacer socialista?”
- “Entonces sacalo del principio”
- “¿Después vuelve la rima?”

- “Sí, fue la rima hay que sacarla desde el principio”
- “Sí, tenés razón”

- “Esta es botona, es la vigilantes del grupo”
- “Parece la que toma nota en los juicios, ta ta ta ta ta, o en la comisaría”
- “Che ¿y la rima?”
- “Yo abandoné la rima y el pensamiento”

- “No podes dejarlo así, cambiale el principio”
- “Bueno, dale”
- “La patafísica no tiene sentido”

- “¿Porque las mujeres tienen linda letra?”
- “Bueno, basta no voy a escribir todas las boludeces que dicen”
- “Vos te comprometiste, seguí escribiendo”

- “¿La canción no la vamos a poner?”
- “Si, si después”
- “Hay que meterle algo antes”
- “Eso que vos dijiste de las estrellas”

- “Me salió rima, pero fue sin querer”
- “Ja, ja es tu naturaleza (risas)”

- “No, eso no, queda re drogoncito”
- “Si, si no da”
- “El habano no”

- “Terminalo y ya, y tu decálogo también”
- “Las cosas inconclusas no le complacen”
- “Por eso vos me molestas, porque sos inconclusa”

14.6.08

Péndulo

La habitación fue víctima de un silencio absoluto durante un par de minutos, tan solo la extraviada mirada a la puerta. Lo vi. En el mundo del hoy estamos a merced de esta mirada, del tiempo y sus imperfecciones. ¡Mire donde sea, veo el mundo frágil! Su fauna, su flora, sus ecosistemas, sus relaciones humanas cada día más sofisticadas, la prisa por los logros, desentendimientos en las relaciones afectivas y otras situaciones.
Y es cuando uno llega a la conclusión de que el mundo se repite una y otra vez, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra, en todos sus aspectos, tanto en cada vida individual como en el tiempo del universo.
Sin embargo, todo se rompió. tu "tranquilízate y tomá un poco de te", el grito que me vuelve difícil de ver, oír, y entender. Hasta identificarme con vos, tus costumbres, tus yo, tus mío, tu única verdad. Sobre todo, lo mejor. Y esto muestra como todo es tan cambiante y vulnerable a la vez. Dejá de preguntar cuánto tiempo hay que esperar para que todo ocurra todo exactamente de la misma manera.

21.5.08

Camino de la tierra a la luna del principito...

19.5.08

(Des)hielo

Al animal caliente le queman las palabras y le duele el devenir del azar que lo obliga a quedarse mirando el suelo de hielo, sintiéndose inseguro ante la posibilidad de romperlo con la temperatura de su fluir. Para el animal caliente es imposible no sentir la presión de un tiempo que le recuerda la siempre-presente posibilidad de perderse en la profundidad de ese lago azul negro, como consecuencia de su propio calor interno. No saber si esconderse o reflejarse le provoca un movimento incesante, un ir y venir incontrolable hacia su locura de pensamientos que no quieren descomponerse. Y entonces el animal deviene ahogado en su propio miedo, aquel que lo obliga a quedarse a ver cómo el agua corre de un lado a otro (a diferencia de él), sin poder (*) hacer nada. Es ahí dónde ve extendida su alma, perdida bajo la capa de hielo.

Él se deshace en la misma escencia donde nacen y viven sus conceptos: por un lado sabe que es su calor el que le provoca la muerte, por el otro, es el frío el que lo aisla de su escencia hasta faltarle el respeto. Igualmente, el animal caliente reprime todo el calor de su cuerpo, suprimiendo sus ganas perdidas de arrodillarse para acariciar el suelo. Pero así y todo, para el animal caliente es imposible olvidar el recuerdo de esos finos hilos de agua caliente que alguna vez bailaron por sus dedos. Ese mismo calor que alguna vez lo llevó a imaginarse cómo cambiaría el curso del agua con sus propios golpes.

Imposible decisión para el animal caliente que no sabe. ¡No sabe! No. No sabe, porque su realidad no es movimiento, no sabe porque el hielo lo atormenta con la duda y no sabe porque le es imposible alterar la contingencia que lo divide, lo refleja, lo doblega, lo propulsa, lo oculta más allá de las líneas del horizonte. Todo al mismo tiempo lleva al animal caliente a perderse en la desesperación que lo transforma en acción, en ardor, en dolor y así el animal deja de cerrar sus ojos para brotar desde adentro, donde sólo él puede mirar. Es su escencia la que ya no quiere seguir tragando la saliva de la sed para acariciar la superficie con los dedos y así poder liberarse, sentir que el agua hierve tanto como él, metiéndose de lleno en su final. Ahora el animal sabe que busca simplemente abrazar ese momento en el cual perderse en su libertad. Pero, ¿cuál libertad?

Y como el animal caliente ya no pertenece al espacio-tiempo de su ambiente, ya no le es posible aferrarse a ese sentimiento que le sirvió de agarre y la acción lo lleva a soltarse en el momento en el que el hielo empieza a agrietarse. Así el animal saboreó su fin, hundiéndose bajo el agua, deshaciéndosese de calor en vapor. Así el animal recuperó su alma que lo llevó a sumergirse en el más dulce y profundo sueño de calor.

Y aunque ya no sirva de nada el segundo que pasó para el halago, aquel fue el día en el que el animal encontró el borde que le permitió subirse a su eterno dominio, más alla de su corporeidad, en el centro mismo de su pura existencia. Ahora queda el sueño y el resplandor del despertar que algún día permitirá al animal poder ver el color puro de su cielo y ya no del hielo.

(*) querer

11.5.08

Allan Claudio Withington

“Adolfo, grandes cariños desde Argentina” fueron las palabras dedicadas por Allan Claudio Withington a Hitler. Tras el volante de su avión Lancaster y sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, fue la cabeza de una de las tantas estrategias de contraataque: al mando de su grupo lanzó un millar de tiras metálicas sobre la casa de Hitler con el fin de perturbar y despistar a los radares alemanes hasta saturarlos. Cuarenta años después, Withington terminó utilizando esa misma estrategia enseñada por el bando de los aliados en contra de quien alguna vez fue su maestro, esta vez para despistar radares del enemigo inglés, en la guerra que se desenvolvió en las Islas Malvinas. El mensaje de Tito era otro: “En el campo se acostumbra a querer agarrar al toro por las bolas. Galtieri quiso agarrarlo todo y el toro se lo llevó puesto…”

Son unos pocos los sobrevivientes de la segunda guerra mundial, son muchos menos los que después de la guerra decidieron aterrizar y luchar por el suelo nacional en contra de aquellos que alguna vez fueron del propio equipo. Allan Claudio Withington (Tito para los familiares y allegados), nació el 11 de noviembre de 1923 e integró el escuadrón 625 con base en RAF Kelstern, Inglaterra. Ya adulto dio lo suyo para hacer nacer al Escuadrón Fénix perteneciente al bando militar argentino.

Allan Withington participó alternadamente para un bando y para el otro. Del lado inglés, su pasión por el aire lo motivó a ofrecerse como voluntario. Del lado argentino, defendió a su patria. Todavía no había cumplido 20 años de edad cuando se plantó frente a su familia con la idea que lo obsesionaba: volar. “Yo tengo que ir allá a pelear para los ingleses”, dijo en su casa antes de subirse a un barco carguero que zarpó desde Buenos Aires con carne y cereales destinados a saciar a una Gran Bretaña en guerra. Una verdadera pena que Hitler se haya volado la cabeza (o así cuenta la historia) sin saber del mensaje que este cordobés descendiente de ingleses tenía para darle.

Por iniciativa propia se dirigió a la embajada inglesa para enrolarse en el bando aliado. Como Tito, unos 3.000 argentinos no quisieron quedarse afuera de la historia y se ofrecieron como voluntarios en la Segunda Guerra Mundial. “En el barco se empezaba a sentir todo. Es más, como nadie sabia qué se iba a encontrar una vez estando en la guerra, alguien gritó “¡¡Submarino, submarino..!!”. Imaginate, todos nos asustamos hasta las patas. Pero resultó ser una ballena…”.

En el mismo barco conoció a Harold Hyland, otro argentino afiliado a la odisea de cruzar el océano para frenar a Hitler. Pero Harold tuvo menos suerte que Allan. A él le tocó llorar a Peter, el hermano que no volvió de la guerra. Allan terminó sumando a la hermana de Harold, Sheila, a su familia mujer a quien convirtió en la señora de Withington. Ellos fueron integrantes del Escuadrón Anglo Argentino 164 "Firmes Volamos", creado en 1942.

Allan se alistó en la Royal Air Force (RAF) de Londres y se entrenó con las fuerzas norteamericanas, donde recibió el adiestramiento necesario para manejar, controlar y manipular la tecnología aérea. “De paso recorrí todo el mundo. Así conoció Europa, el norte de África, Asia… Recorrí, no por placer, sino para buscar prisioneros. Supongo que no es lo mismo”. Durante la guerra cumplió la función de camuflar el escuadrón de aviones que seguía la cola de su avión. Al mando de su grupo, Tito era el encargado de soltar miles de papelitos metálicos que funcionaban como anzuelo y despiste. Estos papelitos eran captados por los radares alemanes que perdían toda precisión y exactitud al tomar las señales como si fueran las posiciones de los aviones atacantes.

Debido a que Withington nunca quiso aceptar la ciudadanía inglesa, una vez finalizada la guerra volvió a Argentina con el fin de mantener su trabajo como piloto. Así fue como de vuelta en el país trabajó en empresas nacionales como Aerolíneas Argentinas y Austral. Además de ser piloto de vuelo, Tito colaboró con las Fuerzas Aéreas Argentinas (FAA) donde participó como instructor de vuelo de viajes comerciales y de simulacros de emergencia.

Allan nunca fue un hombre que se fuera a quedar quieto. En 1978 decidió jubilarse para poder trabajar en el Banco de Italia, donde tuvo su primer contacto con los aviones que completaron esa pasión que fue incubando a través de los años. Gracias a ese trabajo, conoció a un pájaro del aire con plumas de metal, superior a cualquier otro que hubiese visto: los aviones Lear Jet, de increíble velocidad y tecnología. “Pasó a ser piloto de lujo, chofer de lujo. Trasladaba presidentes entre países y de paso entrenaba a otros pilotos que iban a trabajar con los Fortabat…”.

Pero en 1982, historia conocida: agresión Británica de por medio, Tito no pudo aplacar aquella iniciativa que en 1942 lo llevó a participar voluntariamente en la guerra. Así, vio nacer al Escuadrón Fénix como el ave que resurge de sus cenizas, el cual tuvo su Bautismo de fuego en el conflicto del Atlántico Sur durante la guerra de Malvinas. Tito fue uno de los tantos chicos que de trabajar medio tiempo como ninjas y defensores del universo se ofrecieron como voluntarios para combatir en la Segunda Guerra Mundial a favor de los aliados. Uno de los tantos que de ser jefes de familia, abogados, ingenieros, maridos, padres y esposos, cambiaron el proceso de ilusiones, aspecto, habilidades, ideas políticas, amores y pasiones para ser hombres que arriesgaron a dejar la fantasía de soldaditos de plomo para encarnarlos en sangre propia.

Fue integrante del primer grupo de treinta aeronaves, pilotos y mecánicos aeronáuticos que se despacharon al Sur del País cubriendo las diferentes movilizaciones y despliegues implementados por la Fuerza Aérea. Al igual que en 1942, en esta ocasión tampoco dudó al momento de luchar en Malvinas. La ironía fue que, esta vez, el enemigo era aquel bando inglés al que alguna vez defendió. “No, bombas no tiró nunca. Vio morir a un compañero y prefirió ser la punta de su escuadra con el objetivo de despistar radares alemanes para lograr camuflar el ataque de los aviones. Lo mismo que había hecho en la segunda guerra…”, comentó Daniel Withington, uno de los 7 hijos de Tito. “Pero así como se les sumó sin chistar en el 43, en el 82 fue del bando de “el que no salta es un inglés”. En la Guerra de Malvinas se subió a un avión. Peleó con y en contra de Inglaterra. Voló un Learjet del por entonces Banco de Italia y podría haber argumentado algo para no ir pero donde iba el avión iba mi papá. Imaginate, si se fue a la guerra a los 18, a los 60 y pico no iba a ser menos. Le dieron un uniforme y no lo vimos por una semana.”

Una vez iniciada la guerra en Malvinas, Allan se acercó a quien era su jefe en el Banco de Italia para pedir prestados los aviones con el fin de ser usados a favor del país argentino, debido a la amplitud del alcance de los radares. Con 59 años, se embarcaba al encuentro de lo que sería una guerra muy diferente a la jugada años atrás en suelo Europeo. “Los militares son unos pelotudos. No podíamos ganar, pero no podíamos dejar que mueran todos tan impunemente.”, dice Allan.

La Fuerza Aérea Argentina, ante la necesidad de aumentar los volúmenes de carga y pasajeros a ser transportados a las Islas Malvinas, movilizó parcialmente medios aero-comerciales pertenecientes a Aerolíneas Argentinas y Austral. El otro componente fue compuesto por los miles de soldados que fueron enviados al suelo frío del sur para defender un país que participó en una guerra nacida de las falencias intestinas de un gobierno dictatorial en decadencia. Withington había conseguido uno de los tantos aviones civiles que simulaban aeronaves de combate en los radares de la Fuerza de Tareas Británica y que motivaban continuas alarmas e incursiones de parte de las Patrullas Aéreas de Combate (PAC). Muchas de las salidas de esta aeronave dentro del Escuadrón Fénix encubrieron exitosas misiones de combate que ocasionaron notorias pérdidas a las fuerzas expedicionarias inglesas en el marco de la Guerra de Malvinas.

“Las aeronaves que fueron usadas contaban con múltiples ventajas: velocidad, excelente nivel de vuelo y mimetización ante la imposibilidad de ser discriminadas por los radares del enemigo… Pero él sabia la las pocas chances que había de ganarle a los ingleses. Allan había volado esos aviones y nos decía que íbamos a perder la guerra. Por eso lo tildamos de loco. Pero tenia razón, ese sistema bélico era insuperable”, comenta Susana, actual esposa de Daniel Withington.

En el sur del país, Tito realizó tareas de retransmisión en vuelo, exploración y reconocimiento, búsqueda y salvamento, diversión (para confundir al enemigo y mantenerlo en alerta permanente) y guiado de escuadrillas de combate hasta las proximidades del objetivo. Pero la gran distancia desde el continente a las Malvinas imponía limitaciones para la operación de los aviones, por ello se seleccionaban las pistas próximas al archipiélago, estableciéndose las bases en Trelew, Comodoro. Rivadavia, San Julián, Santa Cruz, Río Gallegos y Río Grande. En la base ubicada en Río Gallegos, Allan dedicó sus actividades a practicar lo que el bando enemigo le había enseñado.

Entre las tantas picardías que se podrían argumentar contra las fuerzas argentinas, Tito recuerda el hecho de que las aeronaves no se encontraban artilladas, de modo que las mismas se enfrentaban al enemigo sin la posibilidad de dar respuesta bélica alguna. Por lo tanto, la única alternativa con la que contaban los pilotos de vuelo constaba en quedar librados a su buena suerte y a las maniobras evasivas que pudieran realizar para evitar impactos mortales de la agresión de aviones SeaHarrier enemigos, misiles lanzados desde tierra o de las posiciones navales. Igual desventaja y pérdida de chances tenía lugar en caso de enfrentamiento y ello era así por el hecho de que estas aeronaves no contaban en ningún caso con la posibilidad de eyección o del lanzamiento en paracaídas de sus tripulantes.

Fue en el cielo donde encontró la fascinación de su vida pero fue ese mismo cielo bajo guerra el que le quitó la vida de uno de sus amigos. “No quise subir más. No quería saber más nada. Pero uno de los militares con mayor rango que el mío me puso un chumbo en la cabeza y me dijo: “o subís o te bajo yo”… Y yo no podía dejar a una familia con siete hijos”.

Las ironías de la vida hicieron que veinte años después de la finalización de la guerra contra Gran Bretaña, Tito fuese condecorado por la Corona Inglesa por su voluntariosa participación en la segunda guerra mundial. Una emotiva ceremonia en la St. Clement Danes Church y otra en la residencia del embajador argentino sirvieron para rendir homenaje a los 754 voluntarios argentinos que se alistaron en las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, de los cuales once asistieron al acto. Allí, la misma Reina hizo entrega de medallas y se presentó el libro “Alas de trueno”, de los autores bahienses Claudio Meunier y Oscar Rimondi y del pintor aeronáutico Carlos García.

Hoy en día es difícil encontrar que alguien describa su pasaje por una guerra. Y Tito no es la excepción. Habiendo vivido dos guerras sufre las consecuencias del Alzheimer, enfermedad progresiva que le ataca el cerebro y genera como consecuencias limitaciones de la memoria, el razonamiento y el comportamiento. Desde el sillón no da más detalle que lo superficial de la guerra. El resto se lo guarda. Se dedica a coleccionar pingüinos y a sumergirse en una docena de pinturas que emulan los aviones y máquinas que disfrutó manejar en sus días de actividad como soldado. Quedan pocos de estos verdaderos pioneros de la aviación para quienes volar representó alguna vez la aventura.

24.4.08

Tic Tac Tic

Ahora somos parte de un libro, de un gran nombre, porque los grandes astros han muerto. Ahora usarás esta belleza como puñal. Mejor no separarse, no soltarse de las manos, porque todo irá a parar a naufragio.

Y esto es lo último que nos queda.
Ya he estado más alla y sé que es lo último que nos queda.

Más allá somos sonidos, fragmentos, pulsiones, esquirlas. Mi nombre, mi nombre, mi nombre, es lo único que puede desprenderse. Mi oficio, mi oficio, mi oficio, es apenas un eco desencajado, una lejanía improbable. Somos engranajes y compartimos tirones...

Porque de eso estamos hechos.

26.3.08

Retorno

Era una especie de torre de cristal que se elevaba bajo sus cabezas. Arriba de todo, una terraza que dejaba ver hasta dónde alcanzaba la vista, una terraza fría, en donde las cosas se mantenían en su mismo lugar, solo cubiertas por una gruesa capa de polvo.
La escalera de metal llevaba a una esquina abandonada donde había una puerta ahora tapada por hierbas y plantas que crecían por el rocío de las mañanas. "Subí la escalera con mucho cuidado". El paso del tiempo hacía dificultosa la apertura de la puerta pesada que servía de entrada. "Vengo a imaginar que acá alguna vez crecieron margaritas y rosas...".
Doblando a la izquierda, la esquina se abría en terraza. Ahí, las baldosas se encontraban soleadas por la luz del sol y los techos vecinos se dejaban ver llenos de telarañas y nidos incrustado. "Esta terraza es mi jardín". Parecía más que un palacio, una consecuencia desastrosa de algún ataque.
Cuando llegaron al espacio central de la terraza, adornada por un charco de agua, un sentimiento extraño les entró en la cabeza. Miraron hacia arriba para ver el cielo limpio y hacia adelante para encontrarse con las
barandas que crujían oxidadas por la lluvia y el oxígeno virgen, aún por respirar. Hacia abajo, el piso de piedra, carcomido por la humedad y la intemperie. Él se sentó, la agarró de la mano y la juntó con él. Se quedaron en silencio para escuchar la melodía suave del aire que convertía al tiempo en hilos de plata.
Él soltó:
"Encontraste mi cara asomada en tu ventana rota, y me esperaste." Ella hizo que lo miró. Él siguió: "Regalále calidez a mis brazos, que quieren abrazar algo suave al fin."
Y mientras se miraban, sus rostros cambiaban conforme iban recordando cada anécdota y se fascinaron descubriendo
las sombras proyectadas por las horas. Por fin ella dijo, "Esperame y salgo hasta que me veas, hago que las gotas se transformen en tinta para tus canciones. Yo quiero dormir ahí."

4.2.08

Palabras

Poema tras canción, a lo largo de las sutiles arrugas de las manos, aprendí tu arte de sentir. Y así comprendí todos mis silencios. Sólo importaba que las palabras fueran bellas. Y nuestro abrazo... Que te hace suspirar después de un beso a tiempo. Y que deja ver como todo mi cuerpo se hace puras palabras y el tuyo pasión. No te preocupes, tu infancia te sigue esperando. Nada se ha incendiado y nadie romperá los juguetes viejos. Contame tu realidad al oído y sentí la frescura del aire sobre la piel borrando las marcas por angustias vividas. Quedate un rato observándome en la oscuridad de la noche. Llorá conmigo si sentís necesario y escuchá todos los sonidos de mi mundo interior... Poco a poco, sumergite en esos sonidos. Sonidos que evocan palabras que, solo parece, no son de nadie.

8.1.08

Piruetas sobre el aire

El silencio acomoda,
Imanes de pares,
Imanes de espejos,
Imanes de locos.

Y nos deja en el espacio,

En una sombra imaginada,
En una cama vacía,
Con un teléfono mudo.

Los dos activos,
impacientes,
brutos.

¿Distintos o muy iguales?
Somos lo mismo.
Somos el negro imaginario en el arco iris.
Formamos la lágrima blanca con el sol que no deseamos ver...

Uno, dos, tres
Vaivenes en descenso,
En libertad.
En vos.
Piruetas sobre el aire.

20.12.07

Magia esmeralda

En este mundo soy Dorothy clausurando el camino que lleva a Oz. Dejando el espacio de los sueños con los ojos abiertos, nunca saliendo del lugar de las amapolas y los jardines colgantes y enamorándome de la luna con zapatos de mujer.
Y mientras en este mundo empieza a llover, traes melodías y colores en armonías. Y me llevas a jugar con mis esperanzas mientras el agua se roba el labial rojo intenso rubí que escurre y me tiñe las manos y mientras el perfume de la tierra me hace cosquillas en alguna parte del pensamiento.
Le agradezco a la lluvia que su mal humor se haya esparcido, porque gracias a ella me inclino a besar tu agua que moja el pan del alma.

27.11.07

Terciopelo y Escarcha

Vestida de terciopelo, de vida, deja en silencio la noche, deja abierta la ventana y deja entrar la luz. Aparta las nubes frías, deja el mar tranquilo y las gotas de miel amarga. Quiere soñar que cuenta y una canción en madrugada porque, en su calma, sopla viento de escarcha.

12.11.07

En tanto Romanticismo y Transformación Cultural.

Vivimos en la era de la crisis de las significaciones ya que la sociedad moderna es incapaz de proporcionar un sentido a la vida. Se ha roto al pasado ya que la historia no rescata la tradición y no permite el surgimiento de formas culturales nuevas. Se ha perdido la práctica del pensamiento reflexivo y crítico que permita construir el futuro. Y se ha hecho necesario recuperar las dimensiones abandonadas del sentimiento y el amor, la creación, el arte y los valores como constructores de la cultura.

Entonces, ¿qué es lo que muere? En la cultura capitalista, la relación esencial de la obra, y del autor, con su público ya que el capitalismo como sistema económico de la modernidad, aprovecha el arte con el propósito de obtener una ganancia económica, convirtiendo todo en producto. En otras palabras, mueren (como plantea Castoriadis) las condiciones que favorecen un tipo de sociedad autónoma, libre.

La sociedad capitalista actual es la época del conformismo generalizado. No queremos ver que estamos frente a un panorama cultural chato que valora la trascendencia en tanto durabilidad y no en tanto relación a valores que posibiliten una sociedad que no esté enajenada. Estamos en una fase de atonía creativa. La era de la reproductibilidad técnica según Wlater Benjamin (hoy todos somos fotógrafos gracias a las cámaras digitales, todos hacemos música de moda gracias a las computadoras, todos hacemos... ?hacemos?), el retiro total de la belleza según Marcuse, Adorno y Horkheimer. Somos el análisis de la Escuela de Frankfurt (análisis hecho 50 años atrás).

La sociedad de hoy, moderna y capitalista, provoca, desde el punto de vista cultural, estructuras sociales de sentido estáticas y sin diálogo. En otras palabras, el sentido en esta sociedad es instituido y pasivamente aceptado porque es más fácil ver Gran Hermano que pensar. Es por esto que se hace necesario evitar la pérdida de memoria. De lo contrario, todo explota y se convierte en uno de los tantos discursos mass mediáticos (o en visita al museo).

Recobremos nuestra propia biografía ya que sino nos convertimos en sujetos que ven su realidad enlatada en algún producto mediático. Recomiendo a Ricardo Forster quien plantea que “Debemos recuperar la relación profunda con lo social, con la historia y la memoria, no en función de la obsecuencia o la museologización sino como la necesidad de poner en discusión absolutamente todo, de lanzarse al riesgo del pensamiento, a la aventura de la indagación. Un sujeto sin biografía es un sujeto maquinizado."

La creación y el arte todavía pueden ser percibidos de manera iluminadora si el pasado es rescatado en tanto creación y producción del presente. Es necesario producir una lectura que actualice, que refuncionalice, no que recicle. Es necesario hacer presente, para abrir a la indagación crítica del tiempo, a aquello que perteneció a otra época o a otro discurso, no en tanto reciclaje o vaciamiento de lo sustantivo, sino haciendo presente el pasado. En otras palabras, es necesario aprehender más que aprender. "Rescatar la memoria para actualizarla críticamente y si es necesario, para quebrarla. Una actitud frente al mundo."

2.11.07

Versal

Por la paz que antes respiré y por la luz que me inconforma. Ven cariño de sal, que el viento me ahoga. Ven nombre sin voz para ver el cielo encendido, furioso y el color rojo de la tierra. Rescatá tu luz y hacé tu mundo: viajá.
Son lágrimas y nada más. Son derrotas. También soy yo. En plenitud de tarde de otoño. En este baile de colores. Soy yo.

24.10.07

Sol y Madrugada

Me gusta representarte. Pensar en vos cuando te extraño.
Y vos, que existís a través de mis ojos, que sabes de mí por mí. ¿De qué te enamoraste?
¡Quiero irme! Para no estar mirando el suelo de hielo, o sintiéndome insegura ante la posibilidad de romperlo con la temperatura de mi fluir.
No quiero la razón del sueño... o del teatro en ruinas que ofrece mi imaginación. Te quiero a vos.
Quiero escucharte porque sino me lastiman los sonidos.
Abrazame. ¿Me abrazás?
Extendete hacia mí. Ayudame a variar el orden del tiempo, de la tarde, para que ya no quemen las canciones, ni el azar.
¡Ay! Me es imposible no sentir la presión de un tiempo que me recuerda la siempre-presente posibilidad de perderme en la profundidad de tus ojos azul negro.
Entonces, guiame, en la desesperación que nos transforma en acción, en ardor.
Brotá conmigo desde adentro, mirá conmigo donde sólo yo puedo mirar.
Quedate.

16.10.07

En cuanto lenguaje, en cuanto mundo. En cuanto necesidad.

(...)
La sublime sensación de la nostalgia que nos hiere por mundos perdidos, por las edades que se van, por los paisajes que quedaron atrás, por sentimientos que creamos para siempre y se mueren. La búsqueda de la flor, un viaje hacia adentro, hacia lo inconsciente, para hacer emerger ese nuevo tiempo. El destiempo.

8.10.07

¿Cuántas cosas sabés? ¿Cuánto pensás? ¿Y cuánto sabés? ¿Cuántas plazas conocés? O sólo cambias la flor por papel... ¿De cuánto viento te adueñas? ¿No sabés que viene y no va? ¿Cuántas veces me mirás? Si yo bailo en el mar.

Te pido que te quedes y me cantes. Que me rimes y me bailes con poesía de día nublado, de libros, de piel. Pero, mirá, la luna se está riendo.

Grítame, grítamelo fuerte. ¡Dale! A qué te sabe el calor, la humedad, Buenos Aires.

¿A qué?

Si te digo, ¿me crees?

28.9.07

Las fases de la imaginación

Me dibujan, me llaman y me crean. Me llenan de infancia, de inocencia, de sinceridad y de antiestética. Y en todo, aprendo lo inevitable de notar la diferencia entre el obrar y la pérdida de esa capacidad: la muerte. Me despintan y me convierto en un sinfín de insensibles formas virtuosas.

Sigan aplicando fórmulas simplistas...

Sigan en la indeterminación y en la evasión.

La vida cambia y mi discurso se proyecta en el viento, cambia las cosas, cambio yo misma pero no en potencia. Porque la potencia no genera otra cosa que potencia. El fracaso es lo que hace que un logro ilumine lugar y momento. En otras palabras, es la condición para la aventura. Lo intrasmisible. Mis colores que me dibujan, me llaman y me crean.

21.9.07

Cofre

Una hoja de otoño entre los árboles en silencio y yo me oculto en la ausencia de sonrisas.

Y mientras me sangran las manos por el sol, yo me dejo caer entre las horas, buscando perderme en el recuerdo de esa hoja que está por morir.

Ya seca, bailada, por el viento.

Y me siento...
...y se siente.

12.9.07

Venecitas de aire

La atmósfera del jardín me invita a parar un rato, a sentir el viento, a ser ingenua entre tanta violencia, a sentarme apoyando el cuerpo sobre las manos, a sentir el momento que danza con el viento, a cerrar los ojos, a ver cómo el calor derrite mi sueño, a dejar de coleccionar fechas, anécdotas, nombres, tus ojos, tus títulos, tus dones, tus tristezas o mi ideal de restitución emocional. Mi jardín me enseña a liberar el alma y qué maravilloso es el mundo en ese momento. Qué lindo es mi jardín. Amo mi jardín porque es el que me enseña las ganas de estar acostada, mordiendo el pasto hasta quedar verde, en un estado de completa liberación donde las flores abundaban. Me dan ganas de perderme, en tus ojos, en la combinación de toda suerte de colores, en el ritmo de una canción. ¡Siento el aroma de tantas flores! El efecto me deslumbra y no es transitorio. Cómo me gustaría verte y ver ante mis pies el pasto, alto y muy verde. Y yo me muevo con miedo, porque no quiero olvidar que colgamos de la primera plaza que veamos. En todo esto, algo me duele y siento cómo los ojos me tiran del pensamiento, cómo la tarde se muere en estrellas.

4.9.07

Sexta escencia

La suya era una charla de miradas: entre los dos se contaron miles de cuerpos y se narraron sonrisas sumergidas en su charla viva en el espacio. En él la luna vibraba de emoción. Mientras, ella se hacía la dormida escuchando cómo su cuento la acariciaba con el aliento y las palabras de sus ojos. Juntos escucharon las miradas dulces que expresaron lo que las palabras no supieron. Siempre en sus ojos, sin decir nada, susurrando infinitas historias que él disfrutaba contarle a ella. Y ella nunca cayó en la fatiga de escuchar sus cuentos de miradas recíprocas, sin espera, sin consuelo, sin pena. Juntos escucharon el cuento del viento sin saber dónde mirar. Solo se miraron a los ojos, ignorando guerras, teléfonos y cómo morir.

27.8.07

Cayendo

Estoy cayendo.
Ángel de la mente.
Podés
ver la caída
(me caigo).
Porque te sentís alto.
La caída del ángel.
Estoy soplando.
Yo estoy dentro de las sombras.

Cuando mirás la tierra.
Besas el cielo.

Dentro de tus sueños más profundos.
Yo te oigo, me llamás.
Tus miedos profundos.
Me ves cayendo.
Me caigo (cayendo).
La caída de un ángel,
Latiendo.

Podés ver la caída...
Sufriendo,
Fluyendo dentro.

De tí.
Cayéndote, levantándote
Fluyendo dentro,
A través tuyo.
Cuando lloro con la lluvia,
Mientras chocan los mares.

Y si la luna cruza al sol,
Sólo pierdo el aliento,
Sin nombre (estoy cayendo).
Y el color de la noche,
Y el sonido de mis pensamientos,
Y el pensar sin luz.
La caída del ángel (me ves, cayendo).
Los colores de la noche.

La luz acumulada,
entre nada, pero espacio.
El silencio de los colores de la noche.
Cayendo.
La caída de un ángel.
Mes ves cayendo.
Cayendo.
Me caigo.
Muy bien. En la luz.

El sonido,
El sonido,
El sonido,
El sonido,
Escucháme cayendo.
Conmigo.

24.8.07

Baudelaire y Mandarina

Sin tierra, sin suelo, sin nada, a la deriva en un lugar lleno de calles y de personas caminando por una calle cualquiera, desapareciendo y volviéndose a encontrar dos calles más arriba, con otros edificios observando otro sol y otra luna oculta, él dejó de sonreír cuando ya no pudo acordarse de su pueblo de calles curiosas para caminar ante los espejos en un enigma de luces.

Ya no pudo acordarse de los nombres de las calles, aunque sabía que musicalizaban algo así como “Soldadito de Plomo” y “Abracadabra”. Pero no los nombres exactos, ni los olores, ni los recuerdos porque en esta ciudad los nombres de las calles se le volvían rutina. Tampoco las manos de truco o embidos mentidos, las horas de mate amargo, las tardes que morían sobre las calles “Baudelaire y Mandarina”. En esas esquinas se había acostumbrado a encender la radio para sentir que estaba en su país con todas sus historias reales: la abuela, el olor a sopa en las paredes de la casa vieja, las nubes pulcras, el color del sol. Pero ahora, entre tantos edificios, baldosas, árboles pelados, más gente, más autos, más nada, él ya no pudo fabricarse mundos porque estos se le diluían como sueños. En la ciudad, su demencia se fundió con su ironía y de la secuencia de la charla salió menos que una reflexión. O, al menos, eso parece.

De cualquier modo que intentase, había sido digerido por el ritmo, por las historias copiadas en vez de reales, por el puterío de la ciudad. A él se le hizo imposible evitar sentirse vacío, diminuto y viejo entre los colectivos-monstruo que corrían por las avenidas mientras escupían su humo negro sobre la barba de los viejos. Fue allí, frente a la dama gris que bostezaba exhalando aliento a cigarrillo, cuando se dio cuenta que había perdido toda disposición para saturarse de los fantasmas de esa mañana. Se angustiaba por la gente que divagaba por las calles sin mirar para arriba o para abajo, solo para adelante mientras su vida avanza con bullicio, a ritmo de negocio, en forma de círculo.

Y así él caminó mientras todos caminaban. Sólo tenía que caminar. Unas cuantas calles para cruzarse con los chicos vomitados de las escuelas. Un giro a la izquierda para ver a las madres tocando bocina en doble fila, un giro a la derecha para ver el robo de un carterista, unas cuadras atrás, en el centro, para ver la resignación de los trabajadores. Arriba de él, el smog, la rapidez, el olor a comida de la calle, la niebla. Poco a poco, se fue ahogando y dejándose llevar hasta que su piel se llenó de olor a asfalto. En la ciudad aprendió, como todos, a mentir, coquetear, fingir, hacer sexo pero teniendo ropa puesta, olvidándose de cómo reírse de los que se pintan de oro y no tocan la tierra, de cómo era sentir su mente fría y el cuerpo caliente.

Era tanto el ruido, que ya no podía ni escuchar el canto de los árboles de la cuadra en la que estaba. Menos aún, pudo ya recordar el reflejo de la esquina redonda en la que alguna vez vivió. Entonces él fue aceptando el haberse dejado engañar por el escándalo y por la indignación (porque esa era ahora su reflexión sobre el dolor, sobre la culpa, sobre la soledad).

Finalmente, en una bocanada de humo se dejó perder en sus delirios prefiriendo esa (su) realidad antes que la de esa ciudad. Así pudo, tan solo dos calles más arriba, confundirse con ese (su otro) mundo para sentir que se veía (y volvía a) nacer sin esperar pronto esa otra muerte, esa otra bocanada y esa otra calle. Después de todo, al fin entendía que en cuerpo se hacía más flexibles, acoplándose a los caprichos del placer. No estaba apurado por no llegar, sino por escaparse de todos esos ojos expectantes, de él en ese mismo mundo.

En todo esto… en él… en nosotros… ¿A dónde vamos? A donde sea. Al momento antes del salto, al costado de las casas, los parques, las plazas, los teatros. Despierta, con otros ojos, no distintos. Otros, fijos, por un momento.

Aceptalo. Mi demencia y tu ironía se acercan con ternura porque de verdad estamos locos de seducción, prefiriendo nuestra soledad y silencio, la ausencia de razonamiento, nuestra demencia incurable. Esto es, para nosotros, lo que alimenta nuestro diálogo esporádico que llega hasta el final sin derrumbarse.

16.8.07

Cáscaras de vidrio

"Yo... Yo... no se muy bien, señor, ahora...
Por lo menos sé quién era cuando me levanté esta mañana,

pero me parece que he debido cambiar varias veces desde entonces."

Me digo que puedo sobrellevarlo todo con la mirada viva de Alicia y a mí parece bien. Alicia no es comparativa. Alicia no se compara a nada y a partir de ella mi principio nació bajo el sol, siempre delicioso. No me impresiona su beso sino su calidez. Lo que me sorprende es que no cierro los ojos para verlo. Debo estar delirando por los rayos del sol que me queman los ojos expuestos hasta deshidratarme el cuerpo, erosionándome, haciéndome arena.
Escucho su susurro por la ventana que resuena en mi cabeza como
un grito violento y me decido a jugar con su fuego por sentir el poder que no sé ver. Pero qué triste, si en este momento la luna esta ciega en su pedestal no puede ver cómo fantaseo con la realidad y creo mundos propios, donde nadie está invitado porque el tiempo transcurre con un ritmo distinto, donde las palabras son desprovistas de sentido, donde mis adivinanzas no tienen ni solución para el sombrerero. Entonces que mi tiempo no se mida, para que no haya ni día ni noche, solo una hora del té inacabable. ¡Que lo temporal exista en forma estática o en el reloj del conejo blanco!
Sigo sin entender para qué juego si me enojo. Si me clavo las
dagas que salen de mi boca directo en mi conciencia y en mi locura. No sé qué espero. Libertad. Amor. Quizás destino. Pero si a mi destino puedo encontrarlo sentado en una plaza. Será que me da más miedo el amor. Yo sigo buscando por dónde empezar de nuevo este juego. Pero ¿empezar qué? ¿Sin mí? ¿Sin vos? ¿Sin sentir que estoy delirando? Ese es mi destino, mi fortuna, mi libertad, mi amor.

12.8.07

sueloraízaguasaviahojaflorluzfruto

Nada frena los latidos y nada parece tener clausura porque mientras ella se siente atacada por los ladrones de recuerdos, él muerde estrofas de otoño para sentirse protegido por no creer en su defensa de horas asesinas de tiempo, y por no querer ver que, por lo menos, supo quién era ella cuando se levantó esa mañana.

7.8.07

Luna qué pretendés hacer

Se han amado con locura. Han amado a la locura hasta estrellar sus espinas en el corazón por aquello que nunca supieron guardar. Porque les era demasiado doloroso. Por no poder apoderarse de lo que nunca pudieron tener en sus brazos. Por ver en su mirada el reflejo de lo más horrible de su alma. Dime luna de plata qué pretendés hacer.

5.8.07

TacosAltos

Timbre.
Esquina.
Canción.
Saludo.
Colectivo.
Andén.
Puerta otra vez.
Charla.
Tiempo.
Espera.
Miedo.
Compañía.
Parada.
Vidrio.
Puerta otra vez.
Asiento.
Mesa.
Gente.
Humo.
Consumo.
Secuencia.
Hambre.
Del otro.
Puerta otra vez.
Calle.
Subte.
Sonrisa.
Mirada.
Pelea.
Te toco.
Frío.
Entrada.
Mesa otra vez.
Humedad.
Secreto.
Prohibido.
Sed.
Tres.
Te quiero.
Puerta otra vez.
Regreso.
No quiero.
Te debo.
Pelea.
Flirteo.
Aire.
Quedate.
Esquina otra vez.
Horas.
Noche.
Madrugada.
Potencia.
Sexo.
No puedo.
Puerta otra vez.
Frío.
Campera.
Manos.
Mirada.
Cíclope.
Cuerpo.
Silencio.
Silencio.Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio.
No hay otra vez.