24.4.08

Tic Tac Tic

Ahora somos parte de un libro, de un gran nombre, porque los grandes astros han muerto. Ahora usarás esta belleza como puñal. Mejor no separarse, no soltarse de las manos, porque todo irá a parar a naufragio.

Y esto es lo último que nos queda.
Ya he estado más alla y sé que es lo último que nos queda.

Más allá somos sonidos, fragmentos, pulsiones, esquirlas. Mi nombre, mi nombre, mi nombre, es lo único que puede desprenderse. Mi oficio, mi oficio, mi oficio, es apenas un eco desencajado, una lejanía improbable. Somos engranajes y compartimos tirones...

Porque de eso estamos hechos.

26.3.08

Retorno

Era una especie de torre de cristal que se elevaba bajo sus cabezas. Arriba de todo, una terraza que dejaba ver hasta dónde alcanzaba la vista, una terraza fría, en donde las cosas se mantenían en su mismo lugar, solo cubiertas por una gruesa capa de polvo.
La escalera de metal llevaba a una esquina abandonada donde había una puerta ahora tapada por hierbas y plantas que crecían por el rocío de las mañanas. "Subí la escalera con mucho cuidado". El paso del tiempo hacía dificultosa la apertura de la puerta pesada que servía de entrada. "Vengo a imaginar que acá alguna vez crecieron margaritas y rosas...".
Doblando a la izquierda, la esquina se abría en terraza. Ahí, las baldosas se encontraban soleadas por la luz del sol y los techos vecinos se dejaban ver llenos de telarañas y nidos incrustado. "Esta terraza es mi jardín". Parecía más que un palacio, una consecuencia desastrosa de algún ataque.
Cuando llegaron al espacio central de la terraza, adornada por un charco de agua, un sentimiento extraño les entró en la cabeza. Miraron hacia arriba para ver el cielo limpio y hacia adelante para encontrarse con las
barandas que crujían oxidadas por la lluvia y el oxígeno virgen, aún por respirar. Hacia abajo, el piso de piedra, carcomido por la humedad y la intemperie. Él se sentó, la agarró de la mano y la juntó con él. Se quedaron en silencio para escuchar la melodía suave del aire que convertía al tiempo en hilos de plata.
Él soltó:
"Encontraste mi cara asomada en tu ventana rota, y me esperaste." Ella hizo que lo miró. Él siguió: "Regalále calidez a mis brazos, que quieren abrazar algo suave al fin."
Y mientras se miraban, sus rostros cambiaban conforme iban recordando cada anécdota y se fascinaron descubriendo
las sombras proyectadas por las horas. Por fin ella dijo, "Esperame y salgo hasta que me veas, hago que las gotas se transformen en tinta para tus canciones. Yo quiero dormir ahí."

4.2.08

Palabras

Poema tras canción, a lo largo de las sutiles arrugas de las manos, aprendí tu arte de sentir. Y así comprendí todos mis silencios. Sólo importaba que las palabras fueran bellas. Y nuestro abrazo... Que te hace suspirar después de un beso a tiempo. Y que deja ver como todo mi cuerpo se hace puras palabras y el tuyo pasión. No te preocupes, tu infancia te sigue esperando. Nada se ha incendiado y nadie romperá los juguetes viejos. Contame tu realidad al oído y sentí la frescura del aire sobre la piel borrando las marcas por angustias vividas. Quedate un rato observándome en la oscuridad de la noche. Llorá conmigo si sentís necesario y escuchá todos los sonidos de mi mundo interior... Poco a poco, sumergite en esos sonidos. Sonidos que evocan palabras que, solo parece, no son de nadie.

8.1.08

Piruetas sobre el aire

El silencio acomoda,
Imanes de pares,
Imanes de espejos,
Imanes de locos.

Y nos deja en el espacio,

En una sombra imaginada,
En una cama vacía,
Con un teléfono mudo.

Los dos activos,
impacientes,
brutos.

¿Distintos o muy iguales?
Somos lo mismo.
Somos el negro imaginario en el arco iris.
Formamos la lágrima blanca con el sol que no deseamos ver...

Uno, dos, tres
Vaivenes en descenso,
En libertad.
En vos.
Piruetas sobre el aire.

20.12.07

Magia esmeralda

En este mundo soy Dorothy clausurando el camino que lleva a Oz. Dejando el espacio de los sueños con los ojos abiertos, nunca saliendo del lugar de las amapolas y los jardines colgantes y enamorándome de la luna con zapatos de mujer.
Y mientras en este mundo empieza a llover, traes melodías y colores en armonías. Y me llevas a jugar con mis esperanzas mientras el agua se roba el labial rojo intenso rubí que escurre y me tiñe las manos y mientras el perfume de la tierra me hace cosquillas en alguna parte del pensamiento.
Le agradezco a la lluvia que su mal humor se haya esparcido, porque gracias a ella me inclino a besar tu agua que moja el pan del alma.

27.11.07

Terciopelo y Escarcha

Vestida de terciopelo, de vida, deja en silencio la noche, deja abierta la ventana y deja entrar la luz. Aparta las nubes frías, deja el mar tranquilo y las gotas de miel amarga. Quiere soñar que cuenta y una canción en madrugada porque, en su calma, sopla viento de escarcha.

12.11.07

En tanto Romanticismo y Transformación Cultural.

Vivimos en la era de la crisis de las significaciones ya que la sociedad moderna es incapaz de proporcionar un sentido a la vida. Se ha roto al pasado ya que la historia no rescata la tradición y no permite el surgimiento de formas culturales nuevas. Se ha perdido la práctica del pensamiento reflexivo y crítico que permita construir el futuro. Y se ha hecho necesario recuperar las dimensiones abandonadas del sentimiento y el amor, la creación, el arte y los valores como constructores de la cultura.

Entonces, ¿qué es lo que muere? En la cultura capitalista, la relación esencial de la obra, y del autor, con su público ya que el capitalismo como sistema económico de la modernidad, aprovecha el arte con el propósito de obtener una ganancia económica, convirtiendo todo en producto. En otras palabras, mueren (como plantea Castoriadis) las condiciones que favorecen un tipo de sociedad autónoma, libre.

La sociedad capitalista actual es la época del conformismo generalizado. No queremos ver que estamos frente a un panorama cultural chato que valora la trascendencia en tanto durabilidad y no en tanto relación a valores que posibiliten una sociedad que no esté enajenada. Estamos en una fase de atonía creativa. La era de la reproductibilidad técnica según Wlater Benjamin (hoy todos somos fotógrafos gracias a las cámaras digitales, todos hacemos música de moda gracias a las computadoras, todos hacemos... ?hacemos?), el retiro total de la belleza según Marcuse, Adorno y Horkheimer. Somos el análisis de la Escuela de Frankfurt (análisis hecho 50 años atrás).

La sociedad de hoy, moderna y capitalista, provoca, desde el punto de vista cultural, estructuras sociales de sentido estáticas y sin diálogo. En otras palabras, el sentido en esta sociedad es instituido y pasivamente aceptado porque es más fácil ver Gran Hermano que pensar. Es por esto que se hace necesario evitar la pérdida de memoria. De lo contrario, todo explota y se convierte en uno de los tantos discursos mass mediáticos (o en visita al museo).

Recobremos nuestra propia biografía ya que sino nos convertimos en sujetos que ven su realidad enlatada en algún producto mediático. Recomiendo a Ricardo Forster quien plantea que “Debemos recuperar la relación profunda con lo social, con la historia y la memoria, no en función de la obsecuencia o la museologización sino como la necesidad de poner en discusión absolutamente todo, de lanzarse al riesgo del pensamiento, a la aventura de la indagación. Un sujeto sin biografía es un sujeto maquinizado."

La creación y el arte todavía pueden ser percibidos de manera iluminadora si el pasado es rescatado en tanto creación y producción del presente. Es necesario producir una lectura que actualice, que refuncionalice, no que recicle. Es necesario hacer presente, para abrir a la indagación crítica del tiempo, a aquello que perteneció a otra época o a otro discurso, no en tanto reciclaje o vaciamiento de lo sustantivo, sino haciendo presente el pasado. En otras palabras, es necesario aprehender más que aprender. "Rescatar la memoria para actualizarla críticamente y si es necesario, para quebrarla. Una actitud frente al mundo."

2.11.07

Versal

Por la paz que antes respiré y por la luz que me inconforma. Ven cariño de sal, que el viento me ahoga. Ven nombre sin voz para ver el cielo encendido, furioso y el color rojo de la tierra. Rescatá tu luz y hacé tu mundo: viajá.
Son lágrimas y nada más. Son derrotas. También soy yo. En plenitud de tarde de otoño. En este baile de colores. Soy yo.

24.10.07

Sol y Madrugada

Me gusta representarte. Pensar en vos cuando te extraño.
Y vos, que existís a través de mis ojos, que sabes de mí por mí. ¿De qué te enamoraste?
¡Quiero irme! Para no estar mirando el suelo de hielo, o sintiéndome insegura ante la posibilidad de romperlo con la temperatura de mi fluir.
No quiero la razón del sueño... o del teatro en ruinas que ofrece mi imaginación. Te quiero a vos.
Quiero escucharte porque sino me lastiman los sonidos.
Abrazame. ¿Me abrazás?
Extendete hacia mí. Ayudame a variar el orden del tiempo, de la tarde, para que ya no quemen las canciones, ni el azar.
¡Ay! Me es imposible no sentir la presión de un tiempo que me recuerda la siempre-presente posibilidad de perderme en la profundidad de tus ojos azul negro.
Entonces, guiame, en la desesperación que nos transforma en acción, en ardor.
Brotá conmigo desde adentro, mirá conmigo donde sólo yo puedo mirar.
Quedate.

16.10.07

En cuanto lenguaje, en cuanto mundo. En cuanto necesidad.

(...)
La sublime sensación de la nostalgia que nos hiere por mundos perdidos, por las edades que se van, por los paisajes que quedaron atrás, por sentimientos que creamos para siempre y se mueren. La búsqueda de la flor, un viaje hacia adentro, hacia lo inconsciente, para hacer emerger ese nuevo tiempo. El destiempo.

8.10.07

¿Cuántas cosas sabés? ¿Cuánto pensás? ¿Y cuánto sabés? ¿Cuántas plazas conocés? O sólo cambias la flor por papel... ¿De cuánto viento te adueñas? ¿No sabés que viene y no va? ¿Cuántas veces me mirás? Si yo bailo en el mar.

Te pido que te quedes y me cantes. Que me rimes y me bailes con poesía de día nublado, de libros, de piel. Pero, mirá, la luna se está riendo.

Grítame, grítamelo fuerte. ¡Dale! A qué te sabe el calor, la humedad, Buenos Aires.

¿A qué?

Si te digo, ¿me crees?

28.9.07

Las fases de la imaginación

Me dibujan, me llaman y me crean. Me llenan de infancia, de inocencia, de sinceridad y de antiestética. Y en todo, aprendo lo inevitable de notar la diferencia entre el obrar y la pérdida de esa capacidad: la muerte. Me despintan y me convierto en un sinfín de insensibles formas virtuosas.

Sigan aplicando fórmulas simplistas...

Sigan en la indeterminación y en la evasión.

La vida cambia y mi discurso se proyecta en el viento, cambia las cosas, cambio yo misma pero no en potencia. Porque la potencia no genera otra cosa que potencia. El fracaso es lo que hace que un logro ilumine lugar y momento. En otras palabras, es la condición para la aventura. Lo intrasmisible. Mis colores que me dibujan, me llaman y me crean.

21.9.07

Cofre

Una hoja de otoño entre los árboles en silencio y yo me oculto en la ausencia de sonrisas.

Y mientras me sangran las manos por el sol, yo me dejo caer entre las horas, buscando perderme en el recuerdo de esa hoja que está por morir.

Ya seca, bailada, por el viento.

Y me siento...
...y se siente.

12.9.07

Venecitas de aire

La atmósfera del jardín me invita a parar un rato, a sentir el viento, a ser ingenua entre tanta violencia, a sentarme apoyando el cuerpo sobre las manos, a sentir el momento que danza con el viento, a cerrar los ojos, a ver cómo el calor derrite mi sueño, a dejar de coleccionar fechas, anécdotas, nombres, tus ojos, tus títulos, tus dones, tus tristezas o mi ideal de restitución emocional. Mi jardín me enseña a liberar el alma y qué maravilloso es el mundo en ese momento. Qué lindo es mi jardín. Amo mi jardín porque es el que me enseña las ganas de estar acostada, mordiendo el pasto hasta quedar verde, en un estado de completa liberación donde las flores abundaban. Me dan ganas de perderme, en tus ojos, en la combinación de toda suerte de colores, en el ritmo de una canción. ¡Siento el aroma de tantas flores! El efecto me deslumbra y no es transitorio. Cómo me gustaría verte y ver ante mis pies el pasto, alto y muy verde. Y yo me muevo con miedo, porque no quiero olvidar que colgamos de la primera plaza que veamos. En todo esto, algo me duele y siento cómo los ojos me tiran del pensamiento, cómo la tarde se muere en estrellas.

4.9.07

Sexta escencia

La suya era una charla de miradas: entre los dos se contaron miles de cuerpos y se narraron sonrisas sumergidas en su charla viva en el espacio. En él la luna vibraba de emoción. Mientras, ella se hacía la dormida escuchando cómo su cuento la acariciaba con el aliento y las palabras de sus ojos. Juntos escucharon las miradas dulces que expresaron lo que las palabras no supieron. Siempre en sus ojos, sin decir nada, susurrando infinitas historias que él disfrutaba contarle a ella. Y ella nunca cayó en la fatiga de escuchar sus cuentos de miradas recíprocas, sin espera, sin consuelo, sin pena. Juntos escucharon el cuento del viento sin saber dónde mirar. Solo se miraron a los ojos, ignorando guerras, teléfonos y cómo morir.

27.8.07

Cayendo

Estoy cayendo.
Ángel de la mente.
Podés
ver la caída
(me caigo).
Porque te sentís alto.
La caída del ángel.
Estoy soplando.
Yo estoy dentro de las sombras.

Cuando mirás la tierra.
Besas el cielo.

Dentro de tus sueños más profundos.
Yo te oigo, me llamás.
Tus miedos profundos.
Me ves cayendo.
Me caigo (cayendo).
La caída de un ángel,
Latiendo.

Podés ver la caída...
Sufriendo,
Fluyendo dentro.

De tí.
Cayéndote, levantándote
Fluyendo dentro,
A través tuyo.
Cuando lloro con la lluvia,
Mientras chocan los mares.

Y si la luna cruza al sol,
Sólo pierdo el aliento,
Sin nombre (estoy cayendo).
Y el color de la noche,
Y el sonido de mis pensamientos,
Y el pensar sin luz.
La caída del ángel (me ves, cayendo).
Los colores de la noche.

La luz acumulada,
entre nada, pero espacio.
El silencio de los colores de la noche.
Cayendo.
La caída de un ángel.
Mes ves cayendo.
Cayendo.
Me caigo.
Muy bien. En la luz.

El sonido,
El sonido,
El sonido,
El sonido,
Escucháme cayendo.
Conmigo.

24.8.07

Baudelaire y Mandarina

Sin tierra, sin suelo, sin nada, a la deriva en un lugar lleno de calles y de personas caminando por una calle cualquiera, desapareciendo y volviéndose a encontrar dos calles más arriba, con otros edificios observando otro sol y otra luna oculta, él dejó de sonreír cuando ya no pudo acordarse de su pueblo de calles curiosas para caminar ante los espejos en un enigma de luces.

Ya no pudo acordarse de los nombres de las calles, aunque sabía que musicalizaban algo así como “Soldadito de Plomo” y “Abracadabra”. Pero no los nombres exactos, ni los olores, ni los recuerdos porque en esta ciudad los nombres de las calles se le volvían rutina. Tampoco las manos de truco o embidos mentidos, las horas de mate amargo, las tardes que morían sobre las calles “Baudelaire y Mandarina”. En esas esquinas se había acostumbrado a encender la radio para sentir que estaba en su país con todas sus historias reales: la abuela, el olor a sopa en las paredes de la casa vieja, las nubes pulcras, el color del sol. Pero ahora, entre tantos edificios, baldosas, árboles pelados, más gente, más autos, más nada, él ya no pudo fabricarse mundos porque estos se le diluían como sueños. En la ciudad, su demencia se fundió con su ironía y de la secuencia de la charla salió menos que una reflexión. O, al menos, eso parece.

De cualquier modo que intentase, había sido digerido por el ritmo, por las historias copiadas en vez de reales, por el puterío de la ciudad. A él se le hizo imposible evitar sentirse vacío, diminuto y viejo entre los colectivos-monstruo que corrían por las avenidas mientras escupían su humo negro sobre la barba de los viejos. Fue allí, frente a la dama gris que bostezaba exhalando aliento a cigarrillo, cuando se dio cuenta que había perdido toda disposición para saturarse de los fantasmas de esa mañana. Se angustiaba por la gente que divagaba por las calles sin mirar para arriba o para abajo, solo para adelante mientras su vida avanza con bullicio, a ritmo de negocio, en forma de círculo.

Y así él caminó mientras todos caminaban. Sólo tenía que caminar. Unas cuantas calles para cruzarse con los chicos vomitados de las escuelas. Un giro a la izquierda para ver a las madres tocando bocina en doble fila, un giro a la derecha para ver el robo de un carterista, unas cuadras atrás, en el centro, para ver la resignación de los trabajadores. Arriba de él, el smog, la rapidez, el olor a comida de la calle, la niebla. Poco a poco, se fue ahogando y dejándose llevar hasta que su piel se llenó de olor a asfalto. En la ciudad aprendió, como todos, a mentir, coquetear, fingir, hacer sexo pero teniendo ropa puesta, olvidándose de cómo reírse de los que se pintan de oro y no tocan la tierra, de cómo era sentir su mente fría y el cuerpo caliente.

Era tanto el ruido, que ya no podía ni escuchar el canto de los árboles de la cuadra en la que estaba. Menos aún, pudo ya recordar el reflejo de la esquina redonda en la que alguna vez vivió. Entonces él fue aceptando el haberse dejado engañar por el escándalo y por la indignación (porque esa era ahora su reflexión sobre el dolor, sobre la culpa, sobre la soledad).

Finalmente, en una bocanada de humo se dejó perder en sus delirios prefiriendo esa (su) realidad antes que la de esa ciudad. Así pudo, tan solo dos calles más arriba, confundirse con ese (su otro) mundo para sentir que se veía (y volvía a) nacer sin esperar pronto esa otra muerte, esa otra bocanada y esa otra calle. Después de todo, al fin entendía que en cuerpo se hacía más flexibles, acoplándose a los caprichos del placer. No estaba apurado por no llegar, sino por escaparse de todos esos ojos expectantes, de él en ese mismo mundo.

En todo esto… en él… en nosotros… ¿A dónde vamos? A donde sea. Al momento antes del salto, al costado de las casas, los parques, las plazas, los teatros. Despierta, con otros ojos, no distintos. Otros, fijos, por un momento.

Aceptalo. Mi demencia y tu ironía se acercan con ternura porque de verdad estamos locos de seducción, prefiriendo nuestra soledad y silencio, la ausencia de razonamiento, nuestra demencia incurable. Esto es, para nosotros, lo que alimenta nuestro diálogo esporádico que llega hasta el final sin derrumbarse.

16.8.07

Cáscaras de vidrio

"Yo... Yo... no se muy bien, señor, ahora...
Por lo menos sé quién era cuando me levanté esta mañana,

pero me parece que he debido cambiar varias veces desde entonces."

Me digo que puedo sobrellevarlo todo con la mirada viva de Alicia y a mí parece bien. Alicia no es comparativa. Alicia no se compara a nada y a partir de ella mi principio nació bajo el sol, siempre delicioso. No me impresiona su beso sino su calidez. Lo que me sorprende es que no cierro los ojos para verlo. Debo estar delirando por los rayos del sol que me queman los ojos expuestos hasta deshidratarme el cuerpo, erosionándome, haciéndome arena.
Escucho su susurro por la ventana que resuena en mi cabeza como
un grito violento y me decido a jugar con su fuego por sentir el poder que no sé ver. Pero qué triste, si en este momento la luna esta ciega en su pedestal no puede ver cómo fantaseo con la realidad y creo mundos propios, donde nadie está invitado porque el tiempo transcurre con un ritmo distinto, donde las palabras son desprovistas de sentido, donde mis adivinanzas no tienen ni solución para el sombrerero. Entonces que mi tiempo no se mida, para que no haya ni día ni noche, solo una hora del té inacabable. ¡Que lo temporal exista en forma estática o en el reloj del conejo blanco!
Sigo sin entender para qué juego si me enojo. Si me clavo las
dagas que salen de mi boca directo en mi conciencia y en mi locura. No sé qué espero. Libertad. Amor. Quizás destino. Pero si a mi destino puedo encontrarlo sentado en una plaza. Será que me da más miedo el amor. Yo sigo buscando por dónde empezar de nuevo este juego. Pero ¿empezar qué? ¿Sin mí? ¿Sin vos? ¿Sin sentir que estoy delirando? Ese es mi destino, mi fortuna, mi libertad, mi amor.

12.8.07

sueloraízaguasaviahojaflorluzfruto

Nada frena los latidos y nada parece tener clausura porque mientras ella se siente atacada por los ladrones de recuerdos, él muerde estrofas de otoño para sentirse protegido por no creer en su defensa de horas asesinas de tiempo, y por no querer ver que, por lo menos, supo quién era ella cuando se levantó esa mañana.

7.8.07

Luna qué pretendés hacer

Se han amado con locura. Han amado a la locura hasta estrellar sus espinas en el corazón por aquello que nunca supieron guardar. Porque les era demasiado doloroso. Por no poder apoderarse de lo que nunca pudieron tener en sus brazos. Por ver en su mirada el reflejo de lo más horrible de su alma. Dime luna de plata qué pretendés hacer.

5.8.07

TacosAltos

Timbre.
Esquina.
Canción.
Saludo.
Colectivo.
Andén.
Puerta otra vez.
Charla.
Tiempo.
Espera.
Miedo.
Compañía.
Parada.
Vidrio.
Puerta otra vez.
Asiento.
Mesa.
Gente.
Humo.
Consumo.
Secuencia.
Hambre.
Del otro.
Puerta otra vez.
Calle.
Subte.
Sonrisa.
Mirada.
Pelea.
Te toco.
Frío.
Entrada.
Mesa otra vez.
Humedad.
Secreto.
Prohibido.
Sed.
Tres.
Te quiero.
Puerta otra vez.
Regreso.
No quiero.
Te debo.
Pelea.
Flirteo.
Aire.
Quedate.
Esquina otra vez.
Horas.
Noche.
Madrugada.
Potencia.
Sexo.
No puedo.
Puerta otra vez.
Frío.
Campera.
Manos.
Mirada.
Cíclope.
Cuerpo.
Silencio.
Silencio.Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio.
No hay otra vez.

2.8.07

Actancias

La cámara empezó a hablar. El giro concéntirco de la cinta sobre su eje emitió ese ruido metálico que produce cuando el fílmico empieza a correr sobre el tiempo. Él iba por primera vez al cine, a ver cine. Había escuchado qué eran las películas pero nunca había ido en serio al cine. Por eso se sorprendió con la sala vacía y espectante, las butacas de asientos que rechinan, las luces en los escalones, la sombra tenue de la sala, el color ámbar de las paredes y el olor a película. Pero lo que más le sorprendió fue la pantalla. Le habían hablado de la pantalla pero nunca se imaginó la variedad de posibilidades en potencia que emanaba. Sobre todo la pantalla.
Cuando la oscuridad reinó en la sala, el silencio permitió la entrada de las
imágenes. Él miró extasiado hasta vislumbrar cómo los movimientos que jugaban y se mostraban construían a una mujer hermosa. Ella era perfecta: su cuerpo de tez blanca bailaba semi desundo sobre el telón proyectado, con su pelo color tierra cayéndole sobre los hombros, sus ojos grandes, sensuales y su sonrisa. Todo hacía que su cuerpo dominase la escena. Y él estaba incluído. Se levantó alucinado ante la presencia de semejante diosa y caminó hacia la pantalla tratando de introducirse en ella para alcanzar la bidimensión de la imagen. Su ilusión.
Entonces estiró su mano y acarició la imagen hasta hacer contacto pero ella, en vez de sentirse halagada se sintió violada, arrancada por la tridimensionalidad del voyeur. Todo causó que ella se escapase hasta perderse en los rincones más insólitos de la sala. La desesperación y la cacería sumergió a los dos actantes en la narración de la pasión y así él fue tras ella hasta cortar el aire con su brazos. Solo de esa forma podía tenerla, robándole su escencia fílmica, su silueta devenida en
grises.
Pero lentamente la luz empezó a encenderse hasta violar el espacio y asesinar toda ilusión. La pantalla era otra vez blanca y él la había perdido. Ella desapareció. También lo hicieron la sala de cine,
las butacas, su ansiedad, el momento y la sensación prematura y perdida. La pantalla se había robado algo de su alma.
Así y todo volvió. Pero esta segunda vez el hombre ya no fue al cine sino para reiniciar la historia en la que se había perdido, encontrarse en ella y poder arrancarse de la misma. Bajó los escalones y se sentó fatigado en una butaca solitaria esperando que se apagase la luz una vez más. Sin embargo, esta vez se quedó profundamente dormido. Esta vez, él mató a su diosa que existió sólo para ser vista, enunciada, contada. Así, con cada título desgarrando al celuloide, la voz de la película, verdad imaginada, se calló fundida sobre un fondo negro.

29.7.07

Una y Otra vez

La muerte es inevitable, universal. Definitiva. Ella misma se dio cuenta, y un mes y medio antes se lo dijo a su mamá, haciéndole prometer que no se lo diría a nadie. Después de intentar varias operaciones de pulmón y de la pierna, era evidente que no se podía hacer nada. "Vino a hablar conmigo y me dijo que me iba a ayudar en cualquier decisión que tomara". El pediatra. Y durante los 17 días que duró la agonía no tuvo a otras personas que la asistieran.
Ya no más inyecciones, camas frías, paredes blancas, enfermeras inmaculadas, promesas incumplidas, colegios estructurantes, maestras interesadas, compañeros crueles, dibujos por conveniencia, llegadas tarde ocultadas, el silencio para evitar las preguntas, vínculos rotos, la familia. Ella no paraba de preguntar si estaba en casa. Esa era su obsesión. Estar en casa. Yo hoy no paro de echar sal en la herida. Y me pregunto... Me debería haber cerrado el corazón pero, a la inversa, hizo explotar las cenizas.
"Mientras le cantaba, como si me escuchara. Y después, me quedaba en silencio. Absorta. Abstraída. Le agarraba la mano y hacía cantar al conejo de peluche que le había regalado". Ese era el refugio. Eso se desintegró en una almohada que quedó empapada de sal. Y eso devino en una almohada empapada y ennegrecida por máscara de pestañas y preguntas en proceso. Hoy es una estatua blanca de tres pisos, con agua en armonía."No quiero volver al sanatorio". Y yo no quiero volver a dormir. O tal vez así sea y ahí está mi paz.
¿Pero cómo? Si nosotros no estábamos celosos, ¿por qué habían madres que movían la mirada? Y mientras una decisión se hacía universal, en esas jornadas no hubo ni día ni noche, solo un tiempo para abrazar, jugar, compartir música y pegar dibujos alegres. Mientras el oxígeno y los sedantes se hacían cada vez más frecuentes e impredecibles.
Los especialistas lograron establecer la dosis de calmante que le permitieran estar consciente pero sin sentir dolor. "Se ponía muy contenta cada vez que estaba yo... Y yo me ponía contenta al verla". De lo inminente de su fin sólo lo hablaba con su madre. "A mí me explicaba los sueños: un poco de tierra, gusanos, el bloqueo." Hasta hoy. Pero un chico puede hablar de la muerte y al instante estar jugando y riéndose. Olvidando. Será que las fechas son universales. Las flores son universales. Es universal. Las vidas pueden ser cortas. Aún los niños pueden vivir vidas completas y felices. Los niños. Es el recuerdo de unos días más allá de los muros de un hospital.

25.7.07

Creencias

No creo en las fechas armadas. No creo en "algo que nos afecte". Sí creo en la intuición. No creo en los conceptos. No creo en el sujeto trascendental. No creo en Cándido. No creo en el inglés americano. Sí creo en el británico. No creo en la era digital. Me quedo con la Reflex. No creo en los silencios intencionados. Ya no los tengo más. No creo en las salidas eternas. Sí creo en el infinito Escheriano. No creo en las fiestas. Sí creo en el solsticio. No creo en las rubias. No creo en que no lo leas. No creo en "el no tengo opinión". No creo que no entiendas. Sí creo en el segundo antes del beso, el orgullo, tu egocentrismo. No creo en el chocolate en rama. No creo en los caramelos de naranja. No creo en la onda Ser. No creo en los cines industriales. Sí creo en el Tita Merello. No creo en los labios pintados de rojo. No creo en las palabras que no decís. Cada vez le creo más a Marcuse, Verne, Gramsci. No creo en las cadenas de supermercado. No creo en el club Personal, la comunidad Movistar o el círculo CTI. No creo en los borratinta. No creo en los cuadernos papel araña. No creo en el séptimo grado. No creo en los viajes de egresados. No creo en Dios, en el cielo, ni el infierno. Sí creo en la chica en el cielo. No creo en las playas turísticas. Sí creo en la resaca del mar. No creo en los relojes digitales. No creo en la ternura plástica. No creo en el silencio. Sí creo en la soledad. No creo en la leche condensada. Sí creo en la sopa casera. No creo que me salga. No creo en los Chomp. No creo en la comida Gourmet. Sí creo en mis hermanas. No creo en las Publicidades, menos los publicistas. Sí creo en mi ONG. No creo en las coincidencias. No creo en lo casual. Sí creo en mi mochila. No creo en la música electrónica. No creo en los boliches de alta moda. No creo en las charlas de ascensor. No creo en mi habilidad manual. No creo en mi torpeza. Sí en mi seducción al caminar, que me mirás cuando me voy. No creo en las estrellas de Hollywood. No creo en el Horario Estelar. No creo que me hayas hablado por casualidad. No creo que te hayas olvidado ese beso. Sí creo en las obras de teatro de bajo presupuesto. No creo en las cadenas de mails. No creo en las paradas en la ruta. Sí creo en llegar a destino. No creo en los aviones, las azafatas, la comida de viaje. No creo en la videncia. Sí creo en el loco, el mundo, la rueda de la fortuna. Alguna vez creí en las calles. Ahora creo en las fotos de sal. Sí creo en las complicidades, la causalidad. No creo en el periodismo de hoy. No creo en los buenos vecinos. No creo en los rulos armados. No creo en las amistades camaleónicas. No creo en los folletos de la calle. Sí creo en los pisos de madera, el calor de la chimenea. No creo en la humedad. No creo en tu novia. No creo que sea lo mismo. Y hace tanto que es lo mismo. No te creo. No creo en las acuarelas. No creo en los todo por dos pesos. Sí creo en la acrobacia aérea, en la gente apasionada, en el escenario. No creo en los gatos. Sí creo en una sonrisa sin un gato.

18.7.07

Porcelana

¿Qué camino debo tomar?
Depende de dónde quieras ir...
A cualquier lugar...
¡Entonces tomá cualquier camino!

Porcelana era una figura transparente y ágil, recuerdo de un viaje que nunca pasó. Estaba siempre perfumada, perfectamente en equilibrio y los brazos levantados en un gracioso abrazo. Según cómo la miraba la luz, destellaba reflejos de todos los colores a pesar de que ella había entregado el suyo.

Una de sus piernas se mostraba revelando los dedos del pie y su tobillo, más allá del doblez de su larga pollera color rosa gastado. En su cara inerte se entreveía cómo su sonrisa ocultaba sus sentimientos materiales, duros, quebradizos. Todos manifestados de forma gradual, como su llanto. Aquel que algunas veces quebraba el espacio cuando todo estaba oscuro. Y siempre, siempre, aquella tensión se la llevaba sin que pudiera hacer nada.

La figura, mirá, se rompió sola, sin que nadie la toque. ¡Que no te engañe su aspecto, tan descarada! Las figuras, ya sean de cristal o de porcelana, no tienen vida.

Entonces sí: para Porcelana lo mejor es gritar en el desierto donde realmente no hay nadie . Y aunque sus mensajes necesiten oyentes, sus ordenes necesiten oyentes, sus mentiras necesiten oyentes, su figura susurra sus verdades al desierto y no a las estatuas vivientes.

16.7.07

Sal

Su Roja Majestad no debiera de ronronear tan fuertemente, dijo Alicia, frotándose los ojos y dirigiéndose al gatito, respetuosamente pero con alguna severidad. Me has despertado y, ¡ay, lo que estaba soñando era tan bonito! Y has estado conmigo, gatito, todo este tiempo, en el mundo del espejo, ¿lo sabías, querido?

La oscuridad no deja ver la actitud del ánimo celoso que tiene el mapa gastado Nada perturba el paseo por las calles, ni siquiera los charcos empapados de dejadez, piedras y fiestas. Yo prefiero no correr porque disfruto seguir quieta, imperturbable lejos de esa conversación gastada de estereotipos. En cambio, elijo empezar una y otra vez esa conversación que permite, al menos, sentir el calor. El cuerpo. Te invito a abrir la boca ante el deseo de tragarnos el mar. Te cambio la espina del viento por una colección de fotos en mi álbum de sal. Yo viajo sin medir distancias en nuestro país de maravillas, eligiendo soñar mientras pasa el día.

8.7.07

El sonido conservado.

Se me está haciendo costumbre la voluntad de conservar una huella del presente, una especie de desafío al tiempo que me permita ver y escuchar a los muertos, como si esto fuera un elemento esencial de mi imaginario.

No. El silencio ya no me da una idea del infinito y de la eternidad. En tanta inmensidad los límites ya no se perciben.


6.7.07

A la búsqueda de un título. También. Que se ajuste al tiempo.

La garúa empezó a caer y ya había perdido demasiado tiempo sin dedicarme a pensar. Lo mismo que ayer y el día anterior y el anterior y el anterior, sintiendo siempre lo mismo: esta ciudad es muy chica, demasiado.
¿Dónde estas? Como si aún fuéramos promesa, como si todavía no hubieras vuelto. Como si nuevamente te invitase al recorrido y la abstracción de nuestra siempre presente competencia inocente e infantil.
¿Por qué no? Si nos encanta lo prohibido. Nos encanta la misma sensación de misterio de una mirada, un recuerdo, de esos días cuando la realidad nos pasaba por encima, de nosotros subidos a un tren hacia un destino que pensamos podía ser de una eterna primavera... Pero no. Es una mirada a esos días marcados de muchas ausencias que hoy siguen presentes. Y entonces les invento nombres, amores, paranoias, sufrimientos, miedos... todo un vértigo de sensaciones.
¿En dónde? En la plaza que deja de existir. En los ojos de la mente, que solo me hacen ver una nube gris, gris de ceniza y agua, llena de la misma pena.
¿Para qué? Sonriamos... Para alimentar esa manía absurda de relacionar objetos con personas, de otorgar características de un objeto a una persona. Porque ahí te encuentro. Ahí, en un rincón pero sin poder recordar de qué secuencia de insultos y caricias extasiadas venís.
¿Y qué sos? La tarde despintada o el agua donde se proyecta la imagen, ahora deforme por cada gota. Y entonces, donde hubo forma reconocible ahora tan sólo hay una figura apenas discernible, de expresión cortada, con las manos frías y la mirada perdida. Y entonces, acerco mi cabeza al agua pensando cómo cada centímetro de líquido te abraza la cara, hasta nublarte la vista.
Nada. No pueden controlar que mis ojos, ahora fundidos con mi reflejo, me miren con dulzura. No pueden prohibirme hablar de otros lugares donde viven mis propias extrañas y hermosas bestias.

23.6.07

kino-pravda

Dentro de lo inspirado existen diversos enfoques. El auto destructivo, el creador, el tecnicista, el esquemático, (por qué no) el cuasi místico. Diversos, sí. Pero no todos se sumergen en el sentimiento oceánico de unidad con los demás y con el mundo. Porque no todos apuntan al conflicto, al principio de la dinámica que encarna el conflicto como principio fundamental de la existencia. Cuando lo inspirado estimula el pensamiento es bienvenido el cuestionamiento. Cada uno sabrá mediante - o no - el uso de técnicas, si se banalizan sus enfoques. Se puede diferenciar entre aquellos inspirados que cuentan historias en imágenes de aquellos que pueden hacer pensar en imágenes, empleando el choque (la esencia del conflicto), haciendo saltar chispas (el éros, el tánatos) entre la idea y la emoción de ver sin máscaras ni maquillajes, de ver lo vacío de esos abrazos que tiran al viento. Y en todo seré yo quien tiene la culpa de creer, y entonces ahora me toca hacer mi denuncia contra el ilusionismo, las metáforas vestidas de metonimia, de magia, de religión. Otra vez la tensión entre la transmisión de una verdad o de su énfasis.

15.6.07

Caza

2000 grados a la sombra nocturna,
Mezclada con reflexiones sobre nuestra charla,
Mientras emparejamos para abajo y nosotros lo aceptamos.
La duda de si todo un libro pueda ser sintetizado en un párrafo,
Y si de algún modo es así, no es tan erróneo (aunque relativo).
Sobre estos canales ya no pasa nada que uno no deba perderse.
Pero no te preocupes, no siempre es eso.
Quizás porque fue demasiado sintético,
Salir de la ciudad o ir a algún lugar específico.
Una muestra de ritos y tradiciones,
Un grupo de música fusión que puede ser interesante.
No sabes con qué gusto,
No se dónde ni a qué hora,
Pero no es breve ni otoñal el descanso.